MI PRIMO CONFIESA SU SECRETO

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Todo esto ocurrió en pandemia. Debido a la situación, mi madre y yo tuvimos que mudarnos a la casa de mi tía en la Ciudad de México.

Cuando llegamos, mi tía fue a recogernos y nos llevó a un mercado para comprar algo de comida. Nos tardamos un buen rato debido a que había mucha gente en la fila. Después de un rato, llegamos a su casa, y cuando me bajé del coche, vi la casa de mi tía, la cual era más grande de lo que recordaba.

Al entrar, mi tía nos indicó cuáles serían nuestras habitaciones. Cuando llegó la hora de dormir, antes de entrar a la habitación, tuve curiosidad y le pregunté a mi tía dónde dormiría mi primo Daniel. Ella respondió que se había ido a la casa de su padre por unas semanas.

Entré a la habitación, cerré la puerta para ponerme el pijama e ir a dormir. Un rato más tarde, mi sueño fue interrumpido por una suave voz. Con mis ojos somnolientos, vi a un chico alto, apuesto y con un cabello precioso. Me levanté muy rápido de la cama, y él, con una sonrisa, me explicaba que nuestras madres se habían tenido que marchar de emergencia para la casa del abuelo, ya que se había empezado a sentir mal.

Yo solo guardé silencio mientras él se sentaba en la cama. Se quedó mirándome y me dijo: “¿En serio? ¿Ya no te acuerdas de mí?”.

En ese instante, solté una sonrisa y le contesté que no lo había reconocido, ya que recordaba a Daniel como un niño callado, con sobrepeso y muchos granos en la cara. En un tono serio, me dijo que había aprovechado el tiempo para cuidarse y mejorar su aspecto.

Después de un largo silencio entre los dos, me preguntó si quería ver una película que estaba a punto de empezar, a lo cual respondí que sí, y bajamos a la sala.

En medio de la película, me quedé dormida, y cuando desperté, Daniel me estaba cargando en sus brazos hacia el cuarto. Él solo me sonrió y me dijo: “Perdón, es que vi que estabas dormida y decidí llevarte al cuarto.” Apenada, le dije que estaba bien, que podía continuar sola, así que él me bajó de sus brazos y dijo que cualquier cosa que necesitara le avisara.

Luego de entrar al cuarto, intenté dormir, pero no pude, así que comencé a curiosear y a revisar los cajones de la habitación. Mientras lo hacía, me topé con una pequeña caja de madera y, al abrirla, noté que había fotos mías, fotos que yo había subido a Instagram. También encontré una pulsera que le había dado a Daniel la última vez que nos vimos.

En el momento en que revisaba las fotos, Daniel entró con el teléfono en la mano, manifestando que mi mamá quería hablar conmigo. Salí del cuarto para recibir la llamada, en la cual mi madre me decía que se quedarían a dormir en casa del abuelo para cuidarlo, ya que seguía con malestar.

Al entrar al cuarto, Daniel estaba sentado en la cama, pero la caja ya no estaba. Él me miró y me dijo que teníamos que hablar, así que me senté y le pregunté por las fotos de la caja. Lo miré y noté cómo me sonreía. Me confesó que siempre estuvo enamorado de mí.

Quedé en shock, pues no podía creer lo que estaba diciendo. En ese momento, él me miró y tomó mi mano, pero la quité de inmediato y le dije que por favor saliera del cuarto. Él dijo que quería hablar de esto conmigo, pero le dije que no era el momento y cerré la puerta.

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A la mañana siguiente, Daniel me llamó para desayunar. Bajé las escaleras, me senté en el comedor y lo primero que le dije fue que quería hablar de lo sucedido la noche anterior. Él me miró, se sentó enfrente de mí y dijo: “¿Qué quieres saber?” Le pregunté por qué no me lo había dicho antes, a lo cual él respondió que siempre había intentado hacerme ver que yo le gustaba, pero que yo nunca lo había notado.

No sabía qué decir, y él simplemente tomó mis manos y con voz tranquila expresó sus ganas de intentar tener una relación. Le dije que eso era imposible porque él era mi primo, a lo cual él respondió que no le importaba que fuéramos primos, afirmaba que haría todo para convencerme y se fue.

Mientras terminaba el desayuno, mi madre llamó nuevamente para avisar que se quedarían un día más donde el abuelo y que por favor le pasara a Daniel el teléfono. Cuando entré a buscarlo en la habitación, lo vi recostado en la cama sin camisa y en shorts. Le pasé el teléfono y salí del cuarto de inmediato.

Luego de un rato, Daniel me llamó para entregarme de nuevo el celular, y cuando me di vuelta para marcharme, me tomó de la cintura, jalándome hacia él. Mis nervios solo hicieron que tomara una almohada para romper aquel momento, y así terminamos jugando a los almohadazos como cuando éramos niños.

De repente, nuestras miradas quedaron atrapadas y como si fueran imanes, solo me acercaba lentamente a sus labios. No sabía qué pasaba conmigo, pero lo deseaba… cuando lo besé, él solo me miró con asombro y, como una niña, salí corriendo a encerrarme en el baño.

No podía creerlo, ¡besé a mi primo! Daniel empezó a golpear la puerta diciendo que quería que habláramos, pero yo no podía ni mirarlo. Tenía vergüenza, aunque en el fondo me hubiera gustado haberlo besado.

Cuando salí del baño, él solo estaba ahí, parado en la puerta, y sin dejarlo pronunciar palabra, le dije que ese beso fue un error y que no quería hablar de eso.

Luego de unas horas, yo estaba en la sala viendo una película. De repente, Daniel se apareció vestido con una camiseta sin mangas y en bóxer, y se sentó a mi lado. En ese momento, me sonrojé y no podía hacer más que evitar mirarlo.

Con una leve sonrisa, Daniel me miró y me dijo: “Te gusto, ¿verdad?” Yo no pude aguantar y sonreí, negándolo y diciendo que solo había sido un impulso. Él solo sonreía.

Ya entrada la noche, me fui a la cama para dormir, y luego de un rato, Daniel entró al cuarto, se sentó al lado de la cama y me susurró al oído si podía dormir esa noche ahí conmigo. Entre dormida, le dije que no, pero él se fue acomodando junto a mí.

Allí, entre sueños, escuchaba cómo susurraba a mi lado, diciendo que siempre le había parecido una mujer muy linda, creativa e inteligente. Decía muchas cosas hermosas que, a decir verdad, nadie me había dicho.

No aguanté más y decidí dar vuelta para abrazarlo. Por un momento, él quedó inmóvil y luego lentamente me abrazó, y así juntos nos quedamos dormidos.

Al despertar la mañana siguiente, escuché una discusión y cuando me asomé, vi a mi tía discutiendo con mi primo Daniel, lo cual hizo que me asustara. Pensé que quizá nos vio dormir juntos y eso la molestó, pero no fue así.

Al rato, mi primo entró enojado al cuarto y empezó a empacar su ropa en una mochila. Inmediatamente le pregunté qué sucedía, pero estaba tan molesto que no quiso decir nada. Cuando estaba saliendo del cuarto, se volteó y me dijo que no me preocupara, que la pelea era porque su mamá había descubierto que él tenía el hábito de fumar a escondidas.

Él se marchó y yo no hacía sino pensar en lo que me había confesado. Pensaba en aquel beso y la noche anterior en que dormimos juntos. ¿A dónde iría? ¿Estaría bien?…

Luego de alrededor de una semana sin saber nada de mi primo, me encontraba recostada en la cama cuando de repente escuché un sonido en la ventana y, al asomarme, vi con sorpresa que era Daniel. No dudé en abrir la ventana para que entrara, y lo primero que hice fue lanzarme a sus brazos.

Fue el más lindo de los abrazos. Nunca me había hecho tanta falta, así que lo miré a los ojos y le dije que lo quería muchísimo, y sin pensarlo, lo besé. En esta ocasión, lo besé sin prisa, sin reproches y sin remordimientos.


Esta Historia de amor es enviada por LA CHICA, una de nuestras queridas lectoras y seguidoras.

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2 comentarios en «MI PRIMO CONFIESA SU SECRETO»

  1. La idea es perfecta, el ritmo que se le intentó dar a la narrativa, se rompe debido al innumerable número de faltas ortográficas. hay que tener excesivo cuidado y no confiar de manera total, en el auto corrector de Word.

    Responder
  2. La historia es muy bonito, pero la verdad no me gusta eso de amor entre primos geneticamente no es bueno .
    Y ante el ojo de Dios malo malo . no se de los demas pero ese es mi opinion . Solo imaginate si terminan casados con hijos , que les van a decir que son primos .

    Responder

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