MI PROFESOR DE YOGA ME VUELVE LOCO / HISTORIA GAY

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El trabajo me estaba generando mucho estrés, mi familia estaba lejos y mis amigos sólo querían salir de fiesta o ir al gimnasio, pero yo quería algo distinto.

Entonces decidí buscar un lugar para tomar clases de yoga, como siempre, busqué unas opciones en internet y finalmente me decidí por ir a la academia que me quedaba a sólo un par de calles de donde vivo.

Imaginaba que allí sólo me iba a encontrar con chicas y una que otra señora, pero casi me desmayo cuando crucé la puerta y vi por primera vez al profesor. Fabián…

Yo llegué muy temprano y él estaba terminando la clase con una señora ya bien anciana, estaban haciendo un estiramiento final cuando llegué. Él estaba de frente a la puerta, y su rostro angelical fue lo primero que vi, luego me perdí un rato en sus rizos y la exótica combinación de sus ojos verdes con su piel tan canela.

¨Adelante, ¿tú eres Camilo cierto?¨ me dijo. Y yo pensé: Adelante, detrás, a un lado, al otro, cómo quieras por mí está bien. Sólo dije ¨sí señor, gracias¨ y me senté en una esquina mientras me alistaba para la clase.

Pronto la señora se marchó y quedamos solos. Lentamente se acercó y nos presentamos. Mi radar gay no pudo sacarme de la duda inmediata sobre la orientación sexual de mi nuevo profe.

MI PROFESOR DE YOGA ME VUELVE LOCO / HISTORIA GAY ENTRE HOMBRES

En medio de los nervios que me producía su presencia me pregunté si serían sus movimientos tan refinados por el control corporal que le había dado el yoga o habría posibilidad de que también fuera gay, y esto fuera el inicio de una hermosa historia de amor gracias al estrés.

Empezamos la clase y no podía dejar de observarlo, su cuerpo tan definido, sus labios tan carnosos, sus movimientos refinados y su voz que me llenaba de paz consumían todo en el espacio.

De repente Fabián se detuvo y me preguntó si todo estaba bien, le pregunté por qué y señaló mis manos; estaban tan sudorosas que había empapado el tapete.

Miré al suelo sonriendo avergonzado, él se agarró a reír y me dijo: Vamos por un té, no vaya a ser que te deshidrates ahora.

Creí que no era momento de una relación amorosa, no era lo que yo tenía planeado en mi vida, decidí darle un beso y marcharme  de aquel lugar, ella entendió que sería el último beso y que ese sería el fin de nuestra historia.


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