AMOR QUE SURGE CON UNA MIRADA

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Yo era de esas personas que no creía en el amor a primera vista hasta que llegó esa noche, cuando estreché su mano y balbuceé mi nombre.

Un amigo me presentó con la chica mas linda que hubiese visto y de inmediato sentí que algo recorría mi cuerpo, sentí que nuestras miradas decían más de lo que las palabras podían mencionar.

Ella tenía algo hermoso en su mirada y sentí que esto no podía quedar ahí, esto debía ser algo más que un apretón de manos.

Propuse que saliéramos ese fin de semana con nuestros amigos a bailar y a tomar unos tragos, propuesta a la que ella aceptó sin pensarlo.

Fue así como llegó esa noche, yo no podía parar de mirarla y de escuchar cada palabra que pronunciaban sus labios.

Deseaba con todas mis fuerzas decirle que bailáramos y así acercarme más a ella pero mis nervios no me dejaban.

Por fin logre romper mi temor y pude proponer que bailáramos juntos, así fue que nos conectamos aún más y ya no parábamos de bailar cada canción.

Fue una noche hermosa, bailamos, hablamos y reímos hasta terminar la noche, al despedirnos quedamos congelados mirándonos fijamente con esa sonrisa de enamorados mientras todos nuestros amigos se volvieron espectadores del nacimiento de este nuevo romance.

Cuando ya estaba por marcharme ella mencionó que sentía frío y como yo tenía una chaqueta no dude en quitármela y dársela.

Después de ese día no podía dejar de pensar en ella, quería verla y escucharla a diario, estaba seguro que esto era amor a primera vista y que a ella también le ocurría.

Para confirmar que ella también se había enamorado me contuve de buscarla para ver si ella daba el paso y fue así como tuve certeza de ello.

Ella sabía la ruta que realizaba a pie desde mi casa al trabajo debido a la charla de aquella noche y fue así como me tomo por sorpresa a mitad de camino para simular un encuentro casual.

Haberla visto ese día fue realmente lo mejor que me pudo pasar y como premio del destino ella me invitó a su casa con la excusa de entregar la chaqueta que le ofrecí la otra noche.

De esta manera se volvió costumbre ir a visitarla casi a diario, ya era oficial que estábamos enamorados pero aún no habíamos tenido ni siquiera el primer beso.

Ella era de esas chicas a la antigua que tocaba pedir permiso a sus padres para salir a dar un paseo y eso era nuevo para mi.

Pude adaptarme a sus reglas cuando aún ni siquiera éramos realmente novios y todo porque sabía que entre nosotros había un amor más grande que cualquier otra cosa.

La pasábamos super bien, teníamos muchos gustos en común y reíamos de todo, era realmente magia lo que nos rodeaba.

Por fin llegó el día que tanto deseaba, en la puerta de su casa mire al cielo y le dije que si quería ser la luna de este amor tan brillante como el sol e inmediatamente sellamos nuestro amor con un dulce primer beso.

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